Movimiento Nacional Cimarrón | Derechos de la Población Afro

Por los Derechos Humanos de la Población Afrocolombiana

Columna del Director: 9 de septiembre: Día colombiano de los Derechos Humanos homenaje al padre San Pedro Claver pionero de los Derechos Humanos de las personas africanas

El 9 de septiembre es el Día Colombiano de los Derechos Humanos, en homenaje al sacerdote San Pedro Claver, desde 1622 hasta 1654, gran promotor y defensor de la dignidad humana de las personas africanas, secuestradas y esclavizadas, por el Estado colonial español, a quienes dedicó 38 años de su labor apostólica en el puerto
de Cartagena de Indias, Colombia.

Renombrar para reparar: los archivos, el lenguaje y la dignidad histórica

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El Llamado a la Juventud Étnica para Conquistar los Consejos de Juventud 8 julio, 2025 La Reforma Agraria del “Gobierno del Cambio”: Un Salto Histórico en la Titulación de Tierras Étnicas y sus Contrastes con Administraciones Anteriores 1 julio, 2025 Decreto 4635: La Deuda Histórica con la Reparación de las Comunidades Afrocolombianas 11 junio, 2025 Comunicado a la Opinión Pública 9 junio, 2025 El Grito Definitivo de Libertad: 21 de mayo de 1851 y la abolición de la esclavitud en Colombia, una decisión pragmática con deudas pendientes 21 mayo, 2025 La Marcha de la Afrocolombianidad: un grito colectivo por justicia y dignidad 10 mayo, 2025 Mayo de Herencia Afrocolombiana: La Fuerza Viva de la Afrocolombianidad 10 mayo, 2025 El Fin de la Juntanza Étnica: Impacto y Legado del Cierre de un Programa Clave para Comunidades Étnicas en Colombia 25 abril, 2025 Erasing History: Trump, the Museums, and the Crusade Against African American Memory 25 abril, 2025 Erasing History: Trump, the Museums, and the Crusade Against African American Memory Movimiento Nacional Cimarrón Edit Template Por: Ernesto Medrano En el corazón del Archivo General de la Nación (AGN), duermen documentos que dan cuenta de una de las historias más dolorosas y estructurales de nuestra nación: la colonización, la esclavización y el despojo sistemático de pueblos y culturas enteras. Estos documentos han sido clasificados durante décadas bajo nombres como “Negros y esclavos” o “Caciques e indios”, categorías heredadas del poder colonial y normalizadas en las prácticas archivísticas de nuestro país. Hoy, por primera vez, Colombia se detiene a mirar esos nombres con ojos críticos. Y lo hace no como un capricho académico, sino como un gesto de justicia histórica y una acción simbólica de reparación. 25 abril, 2025 Edit Template Renombrar estos fondos no es un acto trivial ni un simple cambio de etiquetas: es una intervención profunda sobre el lenguaje que organiza la memoria. Es una apuesta por dignificar las historias que han sido contadas desde la mirada del opresor, y por reconocer que las palabras, lejos de ser neutras, han sido históricamente utilizadas para clasificar, reducir y deshumanizar. Los términos “negros y esclavos” o “caciques e indios” no describen hechos de manera objetiva. Son el resultado de un proceso ideológico de cosificación y subordinación, una expresión de la lógica colonial que definía a las personas por su utilidad económica, su “raza” impuesta, o su lugar en un orden social jerarquizado. Mantener estas denominaciones como categorías oficiales implica perpetuar una mirada que niega la humanidad y la agencia de quienes fueron víctimas de estos sistemas de dominación. Frente a esta realidad, el proceso abierto por el AGN —en articulación con la Vicepresidencia de la República, el Ministerio de Cultura, el Museo Nacional y organizaciones sociales— es una oportunidad para repensar nuestras instituciones de la memoria. Es un hito en la lucha por desmontar las narrativas eurocéntricas y racistas que aún estructuran muchos de nuestros repositorios documentales, nuestras prácticas pedagógicas e incluso nuestras políticas de Estado. Como bien ha señalado la Coordinadora de Justicia Étnico Racial de la Vicepresidencia, este proceso no solo apunta a una transformación simbólica. También plantea una reflexión de fondo sobre cómo hemos contado nuestra historia y sobre la urgencia de abrir espacio a nuevas voces, otras sensibilidades y relatos más justos. La reapertura de la exposición “Quitarse la venda de los ojos” en el mismo AGN, con obras de artistas afrocolombianos que abordan el racismo estructural y la memoria de la esclavización, es una expresión contundente de ese esfuerzo por interpelar el pasado desde el arte, la sensibilidad y la resistencia. Algunos han argumentado que cambiar los nombres de los fondos es una forma de “borrar la historia”. Pero esta crítica confunde la fuente con su clasificación. Los documentos originales no se alteran. Lo que se pone en discusión es la manera en que son presentados, organizados y ofrecidos al público. La memoria no se borra: se resignifica. Y eso es parte esencial de una práctica archivística crítica, consciente de que el acceso al pasado no puede hacerse desde la normalización de las violencias simbólicas que estructuraron su producción. Otros objetan que este cambio es una expresión de “presentismo”, una forma de imponer valores actuales sobre contextos del pasado. Pero esta crítica también falla en su base: las categorías archivísticas actuales no son “del pasado”, sino de los archivistas, historiadores e instituciones que las definieron en el siglo XX. No se trata de juzgar con anacronismos, sino de evitar que los criterios de clasificación del presente sigan repitiendo los códigos del sistema esclavista y colonial. Es un llamado a dejar de narrar la historia desde la voz del verdugo. Como lo sostiene Bastien Bosa, “el lenguaje importa”. Y mucho. Nombrar ha sido siempre un ejercicio de poder. En la colonia, renombrar montañas, pueblos, cuerpos y comunidades fue parte del despojo. Hoy, renombrar puede ser un acto de restitución simbólica. Una forma de reconocer que la esclavización fue un crimen contra la humanidad, que sus huellas persisten en nuestra vida social y que las víctimas y sus descendientes tienen derecho a una memoria que no refuerce su cosificación. Este proceso, además, se inscribe en un contexto más amplio de debates sobre el lugar de la memoria en el espacio público: desde los monumentos que celebran figuras racistas, hasta los textos escolares que omiten las resistencias afro e indígenas. En todos estos escenarios, lo que está en juego no es solo el pasado, sino el tipo de sociedad que queremos construir. ¿Una sociedad que preserva jerarquías coloniales en sus símbolos, o una que se atreve a mirarse críticamente y a construir memoria desde la dignidad? Renombrar, entonces, no es solo un gesto político. Es también una herramienta pedagógica, una forma de invitar a las nuevas generaciones a pensar la historia desde otros lugares. A preguntarse no solo qué pasó, sino quién lo contó, con qué palabras, desde qué intereses.

El Grito Definitivo de Libertad: 21 de mayo de 1851 y la abolición de la esclavitud en Colombia, una decisión pragmática con deudas pendientes

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Si bien esta fecha marca el fin oficial de un sistema de opresión inhumano que despojó de su libertad y dignidad a millas de personas africanas y sus descendientes nacidos en suelo colombiano, una mirada profunda revela que esta decisión, aunque celebrada como un triunfo de la libertad, estuvo intrínsecamente ligada a una adaptación pragmática a las transformaciones del modelo económico global, dejando tras sí deudas históricas que aún claman por reparación. 25 marzo, 2025 Edit Template La esclavitud, una práctica ancestral que se remonta a civilizaciones de la antigüedad, encontró en el sistema colonial europeo de América un nuevo y brutal capítulo. En la Nueva Granada, los indígenas fueron los primeros en ser sometidos, pero la disminución de su población condujo a la importación forzada de las personas africanas, quienes durante siglos fueron tratados como mercancía, despojados de su humanidad y obligados a trabajar en las minas y las haciendas, contribuyendo forzosamente a la economía colonial. A pesar del yugo, la resistencia era una constante. Desde las sublevaciones lideradas por figuras como Benkos Biohó en el siglo XVI, hasta la formación de palenques, comunidades cimarronas que desafiaron el orden colonial, los esclavizados nunca renunciaron a su anhelo de libertad. En el siglo XIX, la lucha tomó nuevas formas, con la participación de esclavizados en las guerras de independencia, debilitando las estructuras de sujeción y sembrando las semillas de la abolición. La Ley de Libertad de Vientres de 1821, aunque un paso inicial significativo, demostró ser un camino oscuro y lleno de obstáculos hacia la emancipación real. Si bien declaraba libres a los hijos de las mujeres africanas esclavizadas, su implementación enfrentó la férrea resistencia de los esclavistas, quienes encontraron formas de perpetuar la explotación. Fue en este contexto de luchas persistentes y una creciente presión por adaptarse a un modelo económico mundial que comenzaba a ver la mano de obra esclava como un anacronismo, que emergió la Ley del 21 de mayo de 1851.  El análisis de esta ley revela una lógica económica subyacente. La compensación a los propietarios de personas africanas esclavizadas a través de vales de manumisión, financiada con impuestos específicos, sugiere una estrategia pragmática para evitar un colapso económico para la clase dominante. La ausencia de medidas concretas para la integración social y económica de los libertos refuerza la idea de que la motivación principal fue la adaptación a las nuevas dinámicas del mercado global, más que una genuina preocupación por la justicia social. Como lo expresó José Félix de Restrepo, precursor de la abolición, “es egoísmo criminal pretendiente para nosotros la libertad e independencia de España si no la queremos dar a nuestros esclavos”, una contradicción que finalmente la ley buscó resolver, aunque con evidentes limitaciones.    La abolición legal de 1851, aunque un hito innegable, no significó el fin de la lucha por la verdadera libertad y la igualdad para la población africana. Como señala la investigadora María Camila Díaz, fue más una “estancia jurídica” que una transformación estructural de la desigualdad y el racismo. Mientras los antiguos esclavistas eran compensados, los libertos no recibieron reparación alguna por los siglos de explotación. Hoy, al conmemorar el Día Nacional de la Afrocolombianidad, recordamos que el “grito definitivo de libertad” de 1851 fue solo un paso en un camino que aún requiere ser recorrido. La perspectiva de líderes como Silvia Montoya Duffis, quien resalta la identidad afrodescendiente más allá del término “afrocolombiano”, y la persistente lucha contra la Invisibilización y el racismo estructural, nos recuerdan que las deudas históricas de la esclavitud aún no han sido saldadas. La abolición en Colombia, si bien marcada por un acto legal hace 174 años, debe ser entendida en su contexto complejo, donde las motivaciones económicas se entrelazaron con la lucha por la libertad. La conmemoración del 21 de mayo nos exige no celebrar, si conmemorar el fin de la esclavitud en el papel, sino también renovar nuestro compromiso con la construcción de una sociedad verdaderamente justa, equitativa y reparadora para las comunidades afrocolombianas, cuyo legado y contribuciones siguen siendo fundamentales para la identidad de la nación. La lucha por la plena libertad continúa, buscando derribar las barreras del racismo  y construir un futuro donde la promesa de igualdad sea una realidad para todos los hijos e hijas de esta tierra.

Mayo de Herencia Afrocolombiana: La Fuerza Viva de la Afrocolombianidad

Últimas publicaciones Mayo de Herencia Afrocolombiana: La Fuerza Viva de la Afrocolombianidad 10 mayo, 2025 El Fin de la Juntanza Étnica: Impacto y Legado del Cierre de un Programa Clave para Comunidades Étnicas en Colombia. 25 abril, 2025 Erasing History: Trump, the Museums, and the Crusade Against African American Memory 25 abril, 2025 Borrar la historia: Trump, los museos y la cruzada contra la memoria afroamericana 15 abril, 2025 La crisis de la Dirección de Comunidades Negras del Ministerio del Interior: Un Llamado a la Acción Urgente 6 abril, 2025 Buenaventura: Un Ciclo de Violencia con Raíces Históricas Profundas 2 abril, 2025 La deuda histórica: Exigiendo verdad y justicia por el crimen de la esclavitud 25 marzo, 2025 La deuda histórica: Exigiendo verdad y justicia por el crimen de la esclavitud Movimiento Nacional Cimarrón Edit Template Por Prudencio Palacios Palacios  Mayo fue declarado en Colombia como el Mes de la Herencia Afrocolombiana, una designación establecida mediante la Resolución 0740 de 2011 del Ministerio de Cultura. Este reconocimiento oficial reconoce las invaluables contribuciones de las comunidades negras, afrocolombianas, palenqueras y raizales a la riqueza y diversidad de la nación. La importancia de esta conmemoración se ve reforzada por la reciente proclamación de las Naciones Unidas del Segundo Decenio Internacional para los Afrodescendientes (2025-2034) Este nuevo decenio busca fortalecer a nivel global el reconocimiento, la justicia y el desarrollo de estas comunidades, objetivos que resuenan profundamente con las luchas históricas y las persistentes desigualdades que aún enfrenta la población afrocolombiana, como bien lo ilustra la fuerza viva de su herencia. 25 marzo, 2025 Edit Template La designación de mayo como el Mes de la Herencia Afrocolombiana no es un suceso aislado; es la respuesta a luchas históricas por el reconocimiento y la justicia, un eco constante de las voces que han buscado visibilizar la riqueza de un legado forjado en la diáspora africana y enriquecido en tierras colombianas. Si bien leyes y decretos han institucionalizado este mes como un espacio para la reflexión y la celebración, su significado más profundo reside en la energía palpable de las comunidades que mantienen viva su herencia ancestral. Para comprender la vitalidad de la afrocolombianidad, es fundamental adentrarse en las raíces de su historia. La llegada forzada de millones de africanos a través de la trata transatlántica  marcó un capítulo doloroso pero trascendental en la historia de Colombia. Sin embargo, de la opresión surgió una tenaz resistencia. Los palenques, comunidades cimarronas que desafiaron el sistema esclavista, se erigieron como símbolos de libertad y espacios donde las culturas ancestrales se preservaron y se reinventaron. Figuras emblemáticas como Benkos Biohó , líder del Palenque de San Basilio, personifican esta lucha indomable por la autonomía y la dignidad. El legado de la resistencia trascendió los límites de los palenques, manifestándose en sublevaciones y en la preservación de lenguas y conocimientos ancestrales, elementos cruciales en la construcción de identidades resilientes.La abolición de la esclavitud  fue un hito importante, pero no significó el fin de la lucha por la igualdad. Las comunidades afrocolombianas continúan enfrentando discriminación y marginación, una realidad que se refleja en los altos índices de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI). En muchas regiones del país, las comunidades afrocolombianas presentan índices de NBI superiores al promedio nacional. Datos del DANE  revelan que un porcentaje significativo vive en condiciones de pobreza multidimensional, con acceso limitado a educación de calidad (donde la etnoeducación y los estudios afrocolombianos aún no se implementan de manera efectiva, y la educación inicial es débil), salud y servicios básicos. Esta situación evidencia la necesidad de enfoques integrales que no solo celebren la cultura afrocolombiana, sino que también aborden sus precarias condiciones de vida. Estas desigualdades se manifiestan de manera crítica en áreas como: Acceso a Educación: La baja calidad educativa, la falta de implementación de la etnoeducación y los estudios afrocolombianos, sumada a una educación inicial deficiente, contribuyendo a que la tasa de deserción escolar en estas comunidades supere la media nacional, limitando su desarrollo educativo y sus oportunidades laborales. Salud y Servicios Públicos: El acceso a servicios de salud es restringido, y numerosas familias enfrentan dificultades para recibir atención médica oportuna y acceder a servicios básicos esenciales. Vivienda y Saneamiento: La carencia de infraestructura adecuada obliga a muchas familias afrocolombianas a vivir en condiciones de hacinamiento, sin acceso a agua potable ni alcantarillado, lo que agrava los problemas de salud. El conflicto armado en Colombia ha tenido un impacto devastador en las comunidades afrocolombianas, exacerbando su vulnerabilidad. Las víctimas de este conflicto han sufrido desplazamiento forzado, reclutamiento de jóvenes y violencia en sus territorios ancestrales. Desplazamiento Forzado: La violencia y la expansión de proyectos económicos y extractivos han provocado el desplazamiento de numerosas comunidades afrocolombianas de sus tierras. Esta situación no solo compromete su seguridad física, sino que también rompe su conexión ancestral con la tierra, un pilar fundamental de su identidad. Reclutamiento de Jóvenes: La falta de oportunidades y el contexto de violencia han llevado al reclutamiento de jóvenes afrocolombianos por parte de grupos armados. Esto no solo frustra su desarrollo personal, sino que también debilita el tejido social de toda la comunidad. Violencia en Territorios Ancestrales: La presencia de grupos armados en territorios afrocolombianos amenaza la vida e integridad de sus habitantes y pone en riesgo la protección de sus territorios y culturas, obstaculizando el desarrollo de proyectos comunitarios y de autonomía, y perpetuando un ciclo de vulnerabilidad. Capítulo Étnico del Acuerdo de Paz: La baja implementación de los acuerdos contemplados en el capítulo étnico del Acuerdo de Paz representa una deuda pendiente que dificulta la garantía de los derechos de las comunidades afrocolombianas y la reparación integral de las afectaciones sufridas durante el conflicto. La fuerza viva de la afrocolombianidad se manifiesta plenamente en su rica y diversa cultura. La música y la danza son expresiones poderosas de su historia, espiritualidad y alegría. El currulao del Pacífico, con el sonido hipnótico del cununo y el guasá, narra historias cotidianas, mientras que la cumbia se erige como un símbolo de la identidad colombiana.

El Fin de la Juntanza Étnica: Impacto y Legado del Cierre de un Programa Clave para Comunidades Étnicas en Colombia

“Necesitamos seguridad y paz”: director de Cimarrón sobre la población afrodescendiente Finalizamos el primer año de implementación de la Escuela Nelson Mandela Universidad El Externado renueva convenio con Movimiento Nacional CIMARRÓN Universidad El Externado renueva convenio con Movimiento Nacional CIMARRÓN Movimiento Nacional Cimarrón Edit Template Por Prudencio Palacios Palacios  El cierre del programa Juntanza Étnica, una iniciativa que floreció entre 2021 y 2024 bajo el auspicio de la Fundación ACDI/VOCA, con el respaldo crucial de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), sembró una profunda preocupación en las comunidades étnicas de Colombia. Esta iniciativa, que durante sus años de funcionamiento se había convertido en un faro de esperanza para el fortalecimiento de la gobernanza propia, la promoción de oportunidades económicas arraigadas en la identidad cultural y la salvaguarda del rico patrimonio ancestral, llegó a su fin en un contexto marcado por la incertidumbre. 6 mayo, 2024 Edit Template La decisión de la administración del presidente estadounidense, Donald Trump, de recortar drásticamente los fondos destinados a programas de desarrollo internacional, incluyendo aquellos enfocados en el apoyo a las comunidades étnicas en Colombia, asestó un golpe directo a la continuidad de Juntanza Étnica. De hecho, informes indican que EE.UU. “canceló oficialmente el 83%” de los programas de USAID. La narrativa de un supuesto “despilfarro” de recursos resonó en Washington, eclipsando los logros palpables que el programa había cosechado en territorios a menudo marginados y olvidados. Incluso, el presidente Trump criticó específicamente la asignación presupuestal de USAID a la ejecución de programas con étnico en Colombia. El impacto de este cierre no se hizo esperar. Organizaciones de base afrocolombianas e indígenas, que habían encontrado en Juntanza Étnica un aliado estratégico para impulsar sus propios procesos de desarrollo y autonomía, se vieron repentinamente despojadas de un apoyo fundamental. El cese abrupto de la financiación obligó a muchas de estas organizaciones a cerrar sus puertas, despidiendo a equipos de trabajo comprometidos y truncando iniciativas vitales en áreas como la seguridad alimentaria, la protección del medio ambiente y el fortalecimiento de las identidades culturales. Decenas de estas organizaciones se vieron forzadas al cierre debido a estos  recortes de Trump La sensación en las comunidades étnicas fue de desamparo y frustración. Líderes que habían depositado su confianza en la continuidad de estos procesos vieron cómo años de esfuerzo y colaboración se desvanecían ante una decisión política ajena a la realidad de sus territorios. La pregunta que resonaba con fuerza era qué camino seguirían ahora, cómo llenar el vacío dejado por un programa que había logrado tejer lazos de confianza y construir capacidades locales. Ante este escenario, la mirada se dirige hacia el gobierno nacional colombiano. Sin embargo, hasta el momento, no se ha percibido un plan estratégico y articulado para mitigar las consecuencias del cierre de Juntanza Étnica. No se ha anunciado una iniciativa gubernamental de envergadura similar que busque recoger el legado del programa y dar continuidad a los procesos de fortalecimiento comunitario que se vieron interrumpidos. Tampoco se ha evidenciado una gestión activa y decidida por parte del gobierno para buscar nuevas fuentes de financiación internacional que puedan suplir el vacío dejado por la cooperación estadounidense. La búsqueda de alianzas con otros países que compartan la visión de un desarrollo inclusivo y respetuoso de la diversidad étnica parece no haber tomado la urgencia que la situación americana. La incertidumbre persiste en las comunidades étnicas. El cierre de Juntanza Étnica no solo significó la pérdida de un importante flujo de recursos, sino también la interrupción de un modelo de trabajo colaborativo que había demostrado ser efectivo en la promoción de su desarrollo autodeterminado. La ausencia de un plan claro por parte del gobierno nacional para corregir esta situación o para explorar nuevas vías de apoyo internacional genera una profunda preocupación sobre el futuro de estas iniciativas y el bienestar de las comunidades que tanto se benefician de ellas. El legado de Juntanza Étnica, aunque valioso, corre el riesgo de diluirse si no se encuentran nuevos caminos para seguir construyendo sobre lo avanzado. Foto: Julián Vivas – ACDIVOCA.

Erasing History: Trump, the Museums, and the Crusade Against African American Memory

“Necesitamos seguridad y paz”: director de Cimarrón sobre la población afrodescendiente Finalizamos el primer año de implementación de la Escuela Nelson Mandela Universidad El Externado renueva convenio con Movimiento Nacional CIMARRÓN Universidad El Externado renueva convenio con Movimiento Nacional CIMARRÓN Movimiento Nacional Cimarrón Edit Template By Ernesto Medrano Throughout history, authoritarian regimes have clearly understood the power of narratives. Controlling history means controlling the present—and whoever controls the present shapes the future. That is why we should not be surprised that, as part of his renewed political offensive, U.S. President Donald Trump has launched a crusade against American museums, particularly those that represent African American, gender, and LGBTQ+ narratives. Beyond the headlines, what is truly at stake is the soul of the nation: its memory. 6 mayo, 2024 Edit Template Since taking office in January 2025, Trump has issued a series of executive orders with global impacts, including the dismantling of the United States Agency for International Development (USAID). On March 27, the U.S. government presented an executive order that promises to “restore truth and reason to the history of the United States” (Swissinfo). According to Trump, there is a “concerted and widespread effort” to distort facts and promote a narrative that presents the country’s “foundational principles” in a “negative light” (Infobae). The order directly targets the Smithsonian Institution, the country’s most emblematic museum complex. Trump accuses the institution of promoting a “divisive and race-centered ideology” and demands a ban on funding exhibitions that “divide Americans by race”. The clearest target is the National Museum of African American History and Culture, inaugurated in 2016, but other exhibitions focused on diversity in cultural institutions have also been canceled (El Espectador). Behind this seemingly neutral discourse about “unity” and “shared values” lies a dangerous logic: the denial of structural racism and the role of African descendant communities in the building of the United States. The message is clear: if African American history makes people uncomfortable, it must be silenced. If it reveals the foundational violence of the country, it must be dismantled. If it represents resistance, it must be canceled. This is not merely a dispute about aesthetics or academic perspective. This narrative seeks to replace living history—complex, conflict-ridden, and courageous—with a sanitized version that glorifies the founding fathers while erasing slavery, racism, Black resistance, and the struggles for freedom. It is no coincidence that Trump’s order also hints at reinstalling Confederate monuments removed after the murder of George Floyd. The goal is to rewrite history from a place of white privilege, using a language of “unity” that denies conflict and perpetuates supremacy. Image No. 1. Paragraph from the Executive Order issued by Trump Source: Restoring Truth and Sanity in American History, March 27, 2025. From Latin America, this attack resonates deeply. Not only because of the historical and cultural connection between the diasporas, but also because we too face attempts to deny structural racism, relativize the struggles of our communities, or erase the uncomfortable memories of slavery, dispossession, and resistance. What is happening in the United States is yet another symptom of a global backlash against the progress of antiracist, feminist, and decolonial movements. It is the offensive of privilege, disguised as historical neutrality. As African American historian W.E.B. Du Bois once said, “What is done to the most marginalized will be done, sooner or later, to everyone.” Now more than ever, defending African American history is a collective responsibility. We cannot allow silence to replace memory, nor power to rewrite the past to sustain exclusion. From any place in the world—whether in the United States, Colombia, or anywhere memory is under threat—we must raise our voices to demand plural, inclusive, and truthful narratives. Preserving African memory is not just about resisting erasure; it is about insisting on justice, dignity, and the right to fully exist in history. Image source: BBC News Mundo.

Borrar la historia: Trump, los museos y la cruzada contra la memoria afroamericana

“Necesitamos seguridad y paz”: director de Cimarrón sobre la población afrodescendiente Finalizamos el primer año de implementación de la Escuela Nelson Mandela Universidad El Externado renueva convenio con Movimiento Nacional CIMARRÓN Universidad El Externado renueva convenio con Movimiento Nacional CIMARRÓN Movimiento Nacional Cimarrón Edit Template Por Ernesto Medrano Tróchez A lo largo de la historia, los regímenes autoritarios han entendido muy bien el poder de los relatos. Controlar la historia es controlar el presente, y quien controla el presente, determina el futuro. Por eso no debería sorprendernos que, en su nueva ofensiva política, el presidente estadounidense Donald Trump haya emprendido una cruzada contra los museos de Estados Unidos, particularmente aquellos que representan narrativas afroamericanas, de género y de disidencia sexual. Pero más allá de los titulares, lo que se está disputando es el alma misma de la nación: su memoria. 6 mayo, 2024 Edit Template Desde su llegada, en enero de 2025, Trump ha emitido diversas órdenes ejecutivas, con impactos globales, como el desmantelamiento de la Agencia de Cooperación de los Estados Unidos – USAID. Sin embargo, el 27 de marzo el gobierno de los Estados Unidos presentó una orden ejecutiva que promete “restaurar la verdad y la razón en la historia de Estados Unidos” (Swissinfo). En palabras suyas, hay un intento “concertado y generalizado” por distorsionar los hechos y promover una narrativa que presenta los “principios fundacionales” de EE.UU. en una “luz negativa” (Infobae). La orden apunta directamente al Smithsonian, el complejo de museos más emblemático del país. Trump acusa a la institución de promover una “ideología divisiva y centrada en la raza”, y exige que se prohíba el gasto en exposiciones que “dividan a los estadounidenses por motivos raciales”. El blanco más evidente es el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana, inaugurado en 2016, pero también se han cancelado exposiciones con enfoque de diversidad en otras instituciones culturales (El Espectador). Detrás de este discurso aparentemente neutral sobre la “unidad” y los “valores compartidos” se esconde una lógica peligrosa: la negación del racismo estructural y del rol de las comunidades afrodescendientes en la construcción de Estados Unidos. El mensaje es claro: si la historia de los afroamericanos incomoda, entonces debe ser silenciada. Si revela las violencias fundacionales del país, debe ser desmantelada. Si representa resistencia, entonces debe ser cancelada. No se trata solo de una disputa estética o de enfoque académico. Esta narrativa busca sustituir la historia viva —compleja, conflictiva, valiente— por una versión higienizada que exalta a los padres fundadores y borra la esclavitud, el racismo, la resistencia negra y las luchas por la libertad. No es casual que la orden de Trump también insinúe la posibilidad de reinstalar monumentos confederados retirados tras el asesinato de George Floyd. El objetivo es reescribir la historia desde el privilegio blanco, con un lenguaje de “unidad” que niega el conflicto y perpetúa la supremacía. Imagen No. 1. Párrafo de la Órden Ejecutiva emitida por Trump Fuente: Restaurando la verdad y la cordura en la historia estadounidense, 27 de marzo de 2025.   Desde América Latina, este ataque nos interpela profundamente. No solo por la conexión histórica y cultural entre las diásporas, sino porque también aquí enfrentamos intentos de negar el racismo estructural, relativizar las luchas de nuestras comunidades o borrar las memorias incómodas de la esclavitud, el despojo y la resistencia. Lo que ocurre en Estados Unidos es un síntoma más de una reacción global contra los avances de los movimientos antirracistas, feministas y decoloniales. Es la ofensiva del privilegio, disfrazada de neutralidad histórica. Pero como bien dijo el historiador afroamericano W.E.B. Du Bois, “lo que se le hace a los más marginados se les hace, tarde o temprano, a todos”. Hoy más que nunca, la defensa de la historia afroamericana es una tarea colectiva. No podemos permitir que el silencio sustituya a la memoria ni que el poder reescriba el pasado para perpetuar la exclusión. Desde cualquier lugar del mundo —sea en Estados Unidos, en Colombia o en cualquier rincón donde la memoria esté bajo amenaza— debemos alzar la voz para exigir narrativas plurales, inclusivas y verdaderas. Porque preservar la memoria afro no es solo resistir el olvido: es insistir en la justicia, la dignidad y el derecho a existir plenamente en la historia. Imagen tomada de: BBC News Mundo.