Movimiento Nacional Cimarrón | Derechos de la Población Afro

Por los Derechos Humanos de la Población Afrocolombiana

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Por: Prudencio Palacios

“Un pueblo que no conoce su historia es como un árbol sin raíces”. Con esta frase, Marcus Garvey marcó el rumbo de una lucha que trascendió fronteras y generaciones. Nació el 17 de agosto de 1887 en St. Ann’s Bay, Jamaica, en un hogar humilde donde aprendió el valor del conocimiento gracias a su padre, un apasionado lector. Desde joven, la injusticia racial lo golpeó en el rostro y encendió en él una llama que jamás se apagaría.

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Garvey recorrió América Central, Londres y Estados Unidos, observando un mismo dolor: los pueblos africanos, dispersos, marginados y despojados de su identidad. En 1914, decidió que era hora de cambiar la historia y fundó la Asociación Universal para el Progreso Negro (UNIA), un movimiento que proclamaba con orgullo: “Un Dios, un objetivo, un destino”.

Harlem fue su escenario más grande. Allí, frente a multitudes, proclamaba que la liberación comenzaba con la mente. Creó el periódico The Negro World, que cruzaba océanos para llegar a comunidades africanas, y fundó la naviera Black Star Line, destinada a unir comercial y culturalmente a la diáspora.

Sus ideas lo convirtieron en un gigante para su pueblo, pero en un blanco para el sistema. Fue perseguido, encarcelado y difamado. Sin embargo, Garvey se mantenía firme: “Si no tienes confianza en ti mismo, estás derrotado dos veces en la carrera de la vida”.

Murió el 10 de junio de 1940 en Londres, lejos de Jamaica y del continente africano que soñó libre. Pero su visión no murió con él. Inspiró a Malcolm X, Martin Luther King Jr., Kwame Nkrumah y Nelson Mandela. Su mensaje sigue resonando donde haya un afrodescendiente que se niegue a olvidar quién es y de dónde viene.

Garvey no solo construyó un movimiento: sembró una conciencia colectiva. Enseñó que la unidad de los pueblos africanos era una fuerza imparable y que la independencia económica era clave para romper las cadenas invisibles del colonialismo. Su liderazgo fue una escuela para futuras generaciones de activistas que entendieron que la lucha contra el racismo es también cultural, educativa y económica.

En un tiempo en que la supremacía blanca dominaba el orden mundial, él tuvo la osadía de imaginar un África poderosa y soberana. Sus discursos eran auténticas llamaradas de dignidad que encendían la esperanza de millones. Aunque muchos lo llamaron utópico, la historia demostró que sus ideas serian semillas de revoluciones posteriores.

Hoy, el Día de Marcus Garvey es celebrado en Jamaica y su rostro aparece en billetes y monumentos. Sin embargo, su mayor monumento está en la memoria y el corazón de los que siguen defendiendo la libertad y el orgullo de la identidad africana. Su vida es un recordatorio de que el cambio empieza por creer en uno mismo y en su pueblo.

Marcus Garvey no solo habló de un regreso a África; habló del regreso al orgullo, a la dignidad y a la libertad. Ese es su verdadero viaje, y aún continúa.

Marcus Garvey: el profeta que soñó con un África unida