El autorreconocimiento afrocolombiano

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La medición de la población afrocolombiana en el Censo se realizó a través del criterio de autorreconocimiento. Este se basa en la autoidentificación como rasgo de identidad, refiriéndose al sentido de pertenencia que expresa un individuo frente al colectivo, de acuerdo con sus características culturales específicas (Bodnar, 2000). En este caso, también se refiere a la autoidentificación fenotípica, porque el criterio de autorreconocimiento para afrocolombianos encierra en una misma cadena de equivalentes las categorías étnica y fenotípica.

El autorreconocimiento se constituyó en el eje central del proceso de sensibilización-capacitación del Censo 2005 con población afrocolombiana. La definición de lo que constituye la pertenencia étnica y/o fenotípica y su operacionalización a partir de conceptos específicos, se ve envuelta en medio de procesos sociales de carácter estructural en lo concerniente a las formas diversas de autoreferenciación entre la población afrocolombiana en el ámbito local y regional; dinámicas que se expresan en particular en torno a las construcciones émicas que fluctúan entre lo fenotípico y sus variaciones, así como las construcciones a partir de la valoración étnica relacionada con los cambios sociopolíticos recientes.
Las dinámicas históricas de poblamiento y constitución de sociedades negras, con grados diversos de mestizaje, de construcciones culturales y manifestaciones identitarias implican reconocer una diversidad en la manera como se autorreferencia la condición fenotípica del individuo. En ciertos contextos, se evidencia la negación del uso de categorías raciales como expresión de adscripción a la población afrocolombiana. Esto sucede en lugares de fuerte mestizaje como en la costa caribe, donde la funcionalidad del orden jerárquico socioracial colonial en el que la persona negra ocupaba el último nivel en la jerarquía social, se establece como una estructura histórica que incide en la revaloración individual y el ocultamiento en su referenciación fenotípica.

El activo mestizaje en la Nueva Granada sustentó la construcción de una sociedad de castas, entendida como la adscripción individual a categorías de gentes que sin ser blancas aspiraban a serlo, y se colocaban en algún lugar de la pirámide entre la base, donde estaban negros e indios, y el vértice de los blancos. El goce de ventajas y privilegios basados en el grado de blanqueamiento socioracial se reclamó y se ejerció (Fridemann, 1998).

Como lo sugiere Cunin (2004) para el caso de Cartagena, y al poderse hacer extensivo a las poblaciones negras en el caribe colombiano y a otras regiones de presencia negra en América Latina y el Caribe, las antiguas identificaciones sociales tienden a movilizar categorías y modos de gestión de la alteridad que remiten a una memoria vergonzosa y encubierta por el silencio, lo que conduce a una “convención del evitamiento” de la dimensión racial. Contrariamente, en el caso de las poblaciones afrocolombianas de las áreas rurales del Pacífico y otras zonas del país, en muchos casos es de amplia aceptación la expresión persona negra, sin que esta tenga una carga peyorativa y excluyente (Sánchez y García, 2004).

En las ciudades, las poblaciones afrocolombianas y las formas de identificación étnico-racial son diversas y sincréticas. El término negro se utiliza con la connotación negativa que encierra su historicidad, aunque el discurso de raza ha sido reivindicado por algunas instancias del movimiento social afrocolombiano, los niveles de impacto han sido limitados en la población. La autoidentificación de la población afrocolombiana urbana también se expresa con base en procesos conscientes de etnización que se enraizan en los discursos académicos, y de formas de vinculación política y cultural a las dinámicas urbanas. Los discursos agenciados por estas instancias de etnización están relacionados con la explicitación del pasado y el presente de África como herencia histórica y cultural y como referente actual (Agudelo, 2004). Un elemento que ha sido señalado como altamente incidente en las formas de autoidentificación etnico-racial en el caso de las poblaciones negras urbanas en Colombia y de otros países de América Latina como Brasil, es los factores asociados a la condición socioeconómica y sociogeográfica que presenta el individuo (Barbary y Urrea, 2004; Carvalho et al., 2003).

Estos elementos se suman a las dinámicas fundadas en el reconocimiento legal de la población afrocolombiana como étnicamente diferenciada, generadora de procesos de expresión identitaria en los que se crean nuevas formas de autorrefenciación como expresión de la etnicidad afrocolombiana.

Los límites en que el Estado inscribe en sus definiciones legales a esta población como étnica, la acción del movimiento social afrocolombiano, la revaloración académica de los estudios afrocolombianos, entre otros elementos, inciden en la construcción de nuevas categorías de autorreferenciación que trascienden el tipo fenotípico y valoran discursivamente el elemento cultural que diferencia la población afrocolombiana del resto de poblaciones del país. De acuerdo con Bolívar (1998), la emergencia de identidades étnicas debe ser leída menos como “un sentimiento comunitario añejo”, y más como un interés de un grupo ciudadano por hacerse visible ante el Estado y la sociedad nacional, y por acceder en mejores condiciones a la oferta cultural que provenga de ellos. Ahora bien, el leer de esa manera el creciente despliegue de las identidades étnicas, implica concebirlas como una construcción social que reconoce la tradición, pero que se orienta hacía el futuro.

Estos elementos convergen y tienen un escenario de expresión en el Censo, el cual no deja de reflejar una situación conflictiva y desafiante en torno al propósito principal que es la certera captación de la población afrocolombiana. El autorreconocimiento afrocolombiano en el Censo constituye el elemento decisivo para la correcta cuantificación y caracterización de esta población. Las diversas formas de construcción de identidades etnico-raciales que se expresan desde el nivel local hasta el plano nacional, que permiten la construcción de variedad de etnónimos, tanto de tipo étnico como fenotípico, hacen que operacionalizar en una pregunta, complejas situaciones históricas, sociológicas y políticas, requiera de un ejercicio de debate constante con los representantes y organizaciones afrocolombianas.

El Censo es también un instrumento que ostenta el carácter de ser capaz de revertir estas mismas situaciones sobre la población. En el orden socio-racial colombiano, las implicaciones del ejercicio de clasificar poblaciones bajo criterios que pretenden ser universales y científicos, inciden altamente en la manera como se define el acceso al Estado a partir de ciudadanía diferenciada. Sin embargo, también deben tenerse en cuenta sus efectos en la reproducción de los discursos de raza, las prácticas asociadas a él, el diseño y aplicación de políticas públicas (Nobles, 2000), así como en la constitución de nuevos órdenes hegemónicos en el marco del multiculturalismo (Zambrano, 2004).

Bajo la argumentación presentada, Cimarrón realizó las siguientes piezas audiovisuales:

Soy Afrocolombiano

Soy Afrocolombiano comercial 2

Soy Afrocolombiano comercial 3